¿Qué significa diversificar?
Es una de las palabras más repetidas en el mundo de las finanzas. El problema es que suena a concepto técnico, sofisticado y exclusivo para quienes manejan grandes montos. La realidad es que es un principio básico de sentido común que aplicás en tu vida cotidiana casi sin darte cuenta. Quedate leyendo para saber más.
La regla de oro: no poner todos los huevos en la misma canasta
Pensalo así: si vas al supermercado con una sola bolsa y llevás ahí adentro doce huevos, un golpe contra el carro puede romperlos todos. Si repartís los huevos en dos bolsas distintas, la probabilidad de perder la compra completa disminuye drásticamente.
En finanzas pasa exactamente lo mismo. Significa evitar depender de un solo resultado. Para eso es importante conocer el perfil inversor y sobre eso tomar decisiones financieras.
El opuesto a la diversificación es la concentración de riesgo. Ocurre cuando colocás todo tu patrimonio en un solo instrumento, en una sola moneda o bajo una misma condición.
Muchas personas sienten que concentrar el dinero en una sola opción «fácil» o «conocida» es lo más seguro. Sin embargo, quedar expuesto a un solo factor implica que si a ese activo le va mal, todo tu esfuerzo de ahorro sufre el impacto de lleno.
Distribuir el riesgo consiste en combinar herramientas que respondan de manera distinta ante diferentes escenarios del mercado. Si a una opción le toca rendir un poco menos, la otra compensa y equilibra la balanza.
Cuando la gente empieza a armar su primera estrategia, suele caer en estas confusiones:
La primera es confundir cantidad con diversificación, es decir, tener 5 plazos fijos en 5 entidades distintas no es diversificar. Te exponés exactamente al mismo riesgo (misma tasa, misma moneda y mismo plazo) en 5 lugares diferentes.
La segunda es diversificar en exceso con montos chicos, no es necesario tener 10 inversiones, eso solo genera dispersión. La diversificación debe ser simple y funcional.
Por último, la tercera es ignorar plazos y liquidez, la diversificación no es solo variar de activos, sino también tiempos. Es clave tener una parte del dinero disponible para el día a día (liquidez) y otra colocada a mediano o largo plazo para buscar mejor rendimiento.
¿Cómo empezar a diversificar?
Podés aplicar este criterio simple en tres pasos:
-Liquidez inmediata: un Fondo Común de Inversión (FCI) de rescate en el día para tener tu fondo de reserva a mano y generar rendimientos diarios.
-Mediano plazo: un plazo fijo asegura rendimiento y brinda tranquilidad.
-Largo plazo: dólar oficial o MEP para resguardar una parte de tu capital en el tiempo.
Diversificar es armar un equipo donde cada jugador tiene un rol distinto: uno te da liquidez, otro te da previsibilidad y otro te protege. El objetivo no es ganar siempre el máximo, sino no perder nunca todo.
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